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Diario de la Expedición
Imágenes
Crónica:

31 de julio de 2008

Preparativos.

¡Open Sky! Casi hemos adoptado un nuevo tipo de saludo a la orilla de este lago donde nos preparamos para el gran día. Es casi una letanía, un brindis que lanzamos al aire cada vez que hablamos con otros extranjeros que esperan ansiosos por el eclipse. No somos los únicos que hemos llegado a la orilla del Mar de Ob. Hay grupos de astrónomos y aficionados a la observación estelar que se han desplazado desde muy lejos atraídos por un fenómeno que provoca adicción en los que tienen la suerte de contemplarlo alguna vez. Ya en Moscú coincidimos con un grupo de holandeses; en el Transiberiano llegaban varios portugueses y hoy hemos estado hablando con una pareja de alemanes que no podían ocultar un brillo intenso en los ojos y una risa nerviosa cuando se referían a lo que va a suceder mañana. Es ansia. Se percibe en las constantes miradas al cielo de todos los expedicionarios, oteando el horizonte, tratando de atisbar una señal que confirme que ninguna nube se va a interponer entre el eclipse y nosotros. Nadie lo puede saber pero repetimos el gesto una y otra vez como una especie de conjuro contra nubes, nubarrones, nimbos, cirros, estrato-cúmulos y neblinas en general, el cielo debe estar despejado,…limpio.
No es la única incertidumbre. Los coordinadores de la expedición han pasado buena parte del día recorriendo los alrededores del lago en busca del mejor punto de observación posible, que permita situar los instrumentos de medición, telescopios y cámaras de fotos y televisión de manera que no se pierda ni un segundo de los dos minutos de oscuridad total que provocará la Luna al interponerse entre el sol y nuestro planeta. Desde las horas previas al eclipse habrá trabajando 40 personas a la vez en un espacio muy limitado, y en los minutos cruciales en los que el disco solar empiece a cubrirse cada miembro del equipo tendrá asignada una labor específica a la que habrá que dedicar absoluta atención. Misión delicada si tenemos en cuenta que el resto de grupos de observación estarán haciendo exactamente lo mismo y que alrededor podrían reunirse cientos de personas que ya saben que este es, probablemente, el mejor punto de observación del fenómeno.
La gran duda giraba hoy en torno al lugar que nos permitiera una visión excelente y un ligero aislamiento del resto de observadores. Una duda que se resolvió durante la tarde tras la localización de un pequeño montículo de arena junto a un embarcadero del lago. Ese es el lugar desde el que emplazaremos los telescopios y las cámaras para que ustedes puedan ser también testigos directos de este impresionante fenómeno. Estén donde estén, quienes quieren observar este fascinante espectáculo de la naturaleza sólo tienen que conectarse a la dirección de Internet http://eclipse.cesvima.upm.es, donde podrían escuchar en directo las explicaciones de Ángel Gómez, Redactor Jefe de la revista Astronomía. En los mercadillos callejeros de Novosibirsk ya se pueden adquirir gafas especiales para observar el sol sin dañarse la vista y camisetas donde se puede leer en caracteres cirílicos algo así como “Yo vi el eclipse de 2008”. No puede decir que los avispados comerciantes rusos se hayan devanado los sesos con el lema, pero con camiseta o sin ella los alumnos de la expedición podrán repetirlo en un futuro. Ojalá que puedan añadir: “…y lo vi sin nubes”.

ROBERTO GONZÁLEZ


EL VIAJE DE…OCTAVIO, KEVIN Y VICTORIA.

Tras duros días de estudios y muchos momentos de diversión sacrificados por un sueño, hemos conseguido comenzar la aventura. Nuestro primer encuentro, en Tenerife, supuso el comienzo de una amistad que, estamos seguros, se prolongará mucho más allá de lo que dure esta convivencia. Todos partíamos con una serie de expectativas tanto de los compañeros con los que nos encontraríamos como de la expedición en si.
En primer lugar, decir que el autentico “primer encuentro” para nosotros se produjo cuando nos conocimos en el Observatorio del Teide, allí surgieron las primeras conversaciones, los primeros juegos, las primeras miradas, sensaciones…Pero sobre todo nos sorprendió las facilidad con la que nos relacionamos, una absoluta complicidad nos dejó atónitos y muy contentos…y así seguimos (hasta ahora).
Al llegar a Rusia, aquellas dieciséis individualidades se han (habían) convertido en una piña. Una piña que alucina ante semejante cambio cultural y social. Nos sorprende, y todos coincidimos, que el humor ruso no tiene comparación con el cariño isleño. Y continúa la aventura…
Una tensión sofocante se vivía minutos previos al embarque en el mítico Transiberiano. Nos sorprendió ver aquellos estrechos compartimentos en los que debíamos pasar 50 horas para recorrer más de 3300 Km... La falta de higiene y la inexistencia de intimidad fueron duras, pero aun así, el buen rollo que se vivía en cada uno de los vagones fue admirable.
Finalmente hemos salido (salimos) victoriosos de aquella complicada experiencia para conocer la nueva ciudad en la que disfrutaremos del ansiado eclipse, Novosibirsk.

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